Desarrollo humano y social
Los jóvenes, la pandemia y la violencia estructural
19 marzo Por: Artes y Humanidades
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Ciertamente hoy podemos decir que la juventud está en riesgo, su presente y futuro es poco claro y compromete el ejercicio de construcción identitaria y la fijación de sentidos en torno a su papel en la estructura social. Riesgo y juventud, parecen representar un binomio difícil de descifrar, ¿es la juventud o el joven el lugar del riesgo? ¿es el riesgo el enemigo que está al acecho de los jóvenes? ¿cuál es la relación entre riesgo y juventud? En otras palabras, habría que pensar si el riesgo existe ahí donde lo joven está presente puesto que la inexperiencia, la debilidad y el poco “sentido” común parece ser un “caldo de cultivo” para que se active, de forma constante e indefectiblemente, en cualquier situación; o si más bien es un fenómeno sistémico, estructural y simbólico que está presente en cualquier intersticio de la vida y el campo social y que, siendo un evento tan abundante y constante, puede posarse sobre cualquier organismo, afectando significativamente a aquéllos que lo han conocido por primera vez. Desde esta lógica, se podría argüir que no es el riesgo el que habita en los jóvenes debido a su “naturaleza”, sino que es en los jóvenes donde puede fácilmente sembrarse debido a las escasas herramientas con las cuales hacerle frente.

En línea con lo anterior, si el riesgo no es un gen de la juventud y no forma parte de su estructura cromosómica, entonces implica una exterioridad. En este sentido, tiene que ver con las construcciones sociales, políticas y económicas que sirven como nichos propicios para que crezca, se reproduzca y fortalezca. Por ejemplo, la existencia de violencia en los espacios que ocupan los jóvenes, ha traído consigo la constitución de diversas acciones y políticas cuya finalidad es atender a ese sector de la población. Muchas de ellas se han basado en la “judialización” de las acciones, la normativización de los espacios que “condujeran” al joven por el buen camino, al lugar correcto de llegada, impidiendo a la vez, un posicionamiento activo, la toma de decisiones, el favorecimiento y desarrollo de su autodeterminación y autonomía. Al haber dado por sentado el recorrido o trayectoria, también se ha negado al joven la posibilidad de construir un posicionamiento ético, crítico y reflexivo de su realidad y con ello también se ha evitado que se haga responsable de sus propias acciones, de enfrentar los riesgos presentes en su cotidianidad.

La juventud está en riesgo, es un hecho innegable, pero habría que pensar, si las reflexiones en torno a esta temática dirigirán su mirada hacia los jóvenes en su individualidad y juzgarán su actuar a partir de esa misma lógica, colocando el peso de la responsabilidad y la culpa sobre sus hombros, o si más bien, dicha mirada apuntará a su exterioridad, a las relaciones, interacciones, experiencias que se han construido a su alrededor y que de cierta forma puedan servirles de apoyo para la toma de decisiones, para fortalecer su autodeterminación y, sobre todo su participación para con la sociedad.

La juventud está en riesgo y su seguridad no sólo depende de la capacidad individual de cada joven, sino de una voluntad política que los cuide y proteja, apoye y reconozca. Dicha voluntad puede materializarse en diversas formas y propuestas, sin embargo, una de ellas, considerada central debido a su impacto y acción, es la educación, sobre todo en su parte formal e institucionalizada.

La escuela, como comúnmente se le llama, fue pensada con la esperanza de responder a las necesidades económicas, pero sobre todo sociales imperantes en esa época. Uno de sus ideales tenía que ver con igualar las posiciones en el campo social, es decir, brindar una serie de herramientas prácticas e intelectuales que permitieran a los jóvenes ciudadanos poder desarrollarse, obtener un trabajo y con ello atender sus necesidades más prioritarias. En este sentido, un proceso de escolarización que se digne llamar “educativo”, debería llevar no sólo al dominio técnico e instrumental de determinados conocimientos, sino a la participación comprometida de la juventud, acción que indefectiblemente puede posibilitar la agencia y el respeto a temas relacionados con la justicia social, desde una cultura de la legalidad.

La situación actual de pandemia compromete las posibilidades de conocimiento y reconocimiento de diversas y diferentes perspectivas, así como de incorporarse a determinadas redes que sirvan de apoyo, lo cual es vital para tener opciones de desarrollo. ¿Cuáles son las auténticas opciones educativas que los jóvenes en México tienen? ¿Cómo dichas propuestas permiten la continuidad de las relaciones y su participación comprometida para con los problemas que nos son comunes?

El espacio por antonomasia debería ser la escuela, las instituciones de educación superior, los colegios, etc.. Hoy que no es posible habitarlas, por tanto, es necesario pensar un proyecto que permita promover la acción y agencia, una pedagogía del diálogo y la pregunta, de lo contrario, el acto educativo podría devenir en adoctrinamiento, en doxa y con ello la capacidad de reflexión y crítica que debe ser cultivada en la juventud para alejarlos lo más que se pueda del riesgo.

Dr. Rodolfo Cruz Vadillo
Profesor Investigador
UPAEP

 

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