Cultura
El Profesor
03 julio Por: UPRESS
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Alas de la Memoria es un espacio de creación literaria de la Facultad de Humanidades a cargo del profesor Noé Blancas. 

Por: Magdalena Esparza

—Mi papá sólo quiere estar bien, para regresar a dar clases.

Me dice Jesús al otro lado del teléfono, y hasta donde estoy puedo imaginarlo acongojado y noto su voz temblorosa, a punto del llanto.

—La neta siento muy feo, porque fue de lo último que me dijo y hoy es el Día del Maestro.

Su papá estaba aislado y a punto de ser intubado por una neumonía erróneamente diagnosticada y que resultó ser Covid-19, el mal de este año.

Cuando inició la cuarentena, Jesús optó por regresar con su familia, a un pueblo cercano a Zumpango. Ahí lo esperaba su padre, un maestro de poco más de 60 años, pero todavía en activo, su mamá y sus hermanos.

Él es el más chico, con 24 años, músico de profesión y del que su familia está orgullosa por ingresar como guitarrista en una conocidísima banda de rock y con la que se truncaron varios conciertos.

Instalado en su pueblo, se dedicaba a pasar los días, como la mayoría de nosotros: posteando cosas en redes, apoyando en casa, conviviendo con su familia. Venía a Chilpancingo por la despensa y hasta un día me contó, entre risas, que tuvo que comprar bolsas porque no sabía que ya no daban. Esa aparente calma se desvaneció cuando su papá comenzó a mostrar problemas respiratorios, incluso creyeron que habría sido porque durmió a la intemperie por el calor que hizo en los primeros días de mayo.

Cumplieron el protocolo y lo aislaron dentro de la casa, de acuerdo con las instrucciones que recibieron, y todavía festejaron el 10 de mayo, en el mismo lugar pero separados.

En pocas horas la situación empeoró y llegaron hasta el hospital, donde el profesor fue internado de inmediato.

—Siento feo, entró caminando y no podemos verlo.

La plática que tuvo con su padre fue gracias a un médico que les hizo el favor de prestar su celular cuando estaba con él.

Y ahí estuvo Jesús casi dos semanas, la mayor parte en el área de urgencias y durmiendo en el piso, con una cobija prestada. Así como están decenas de familiares, en espera de noticias que los médicos salen a decir de vez en cuando. Le tocó ver escenas dramáticas, incluso un paciente que ingresó y al poco tiempo informaron que acababa de morir. No sé si el nivel de estrés bajó sus defensas, lo más seguro es que sí, dejándolo más vulnerable al maldito virus.

La última vez que lo vi físicamente fue hace una semana. Le llevé un atole de plátano que acababa de hacer y solo intercambiamos unas breves frases, sin bajarme del carro.

Me dijo por mensaje que tal vez le hizo daño una comida.

Pero no fue así.

Tuvo que regresar a su pueblo, mientras su hermano hacía el relevo en el hospital. Antes, tuvo que hacerse la prueba del Covid-19. Salió positivo. Es uno de los 184 nuevos contagios informados en el último corte de las autoridades.

Cuando le llamo, como hace rato, me dice que él es católico y reza por la salud de su padre. Quiere mejorarse, porque salió positivo a la prueba y pide a Dios no agravarse. Dice que ha reflexionado sobre su vida, en lo que es y cómo es; lo que debe cambiar. Me pide que me cuide mucho, que todo está muy difícil. También le preocupa que haya gente incrédula, que actúa como si nada pasara. Está incierto sobre el futuro, pero el común en sus oraciones es la mejoría de su padre, el profesor que sueña con volver a las aulas a dar clases.

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