Cultura
Museos, espacios de resiliencia para grupos vulnerables
16 abril Por: Yolanda Jaimes
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Expertos nacionales e internacionales dialogaron sobre proyectos comunitarios surgidos desde recintos culturales para resolver problemáticas sociales en panel  promovido por Museo UPAEP.

Si bien la labor de los museos por mucho tiempo ha sido la de educar a través de las artes, hoy en día recintos culturales de diferentes partes del mundo han dado un giro a su estrategia al colaborar en la transformación de realidades. 

Así lo hicieron saber los invitados nacionales e internacionales que formaron parte del panel ‘Del proyecto a la realidad: trabajo con comunidades vulnerables’ promovido por el Museo UPAEP. 

El panel moderado por Dulcina Abreu, curadora independiente, inició con la presentación de los distintos proyectos en que el Museo de los Movimientos de Malmo en Suecia, el de los Derechos Humanos en Canadá, el de Antioquia en Colombia, el MUAC de la UNAM y la exposición temporal Carnaval de Huejotzingo, una panorámica a su pasado”, han realizado para la reivindicación de grupos vulnerables.

Este último tiene como característica principal que surgió a partir de un trabajo para titulación y trascendió tanto que sus realizadores Karen Linares Alvarado y José David Quechol Deolarte, habitantes de Huejotzingo, Puebla, decidieron compartir su trabajo con toda la comunidad en un lugar improvisado.

“Huejotzingo no cuenta con una memoria histórica de su principal festividad que es el Carnaval. Así que nos dedicamos a entrevistar a las familias que eran reconocidas como ‘carnavaleras’ y a través de ellos fuimos conociendo más. Ellos nos compartieron material fotográfico y nos dimos cuenta que más que una fiesta era una manifestación cultural que daba identidad a los pobladores”. 

Más adelante, durante su proceso de investigación, en una visita a la biblioteca de la UNAM, Karen y David descubrieron material de fotógrafos extranjeros así como textos en inglés del Carnaval de Huejotzingo, y fue lo que los motivó a hacer público el material. 

Al montar su exposición, se percataron aún más de la dimensión que tuvo su investigación, pues los visitantes se volvían parte de la exposición. Al observar las imágenes llegaban a ellos recuerdos de cuando fue tomada la foto, o incluso, los más pequeños tenían su primer contacto con sus abuelos a quienes solo conocían a través de relatos contados por sus papás. 

“Fue curioso porque los compañeros que hicimos el montaje intentamos hacer los recorridos guiados a los visitantes, pero llegó el momento en que eran ellos quienes contaban las historias, y nosotros empezábamos a preguntar más. Fue la forma en que pudimos conectar con ellos”, confesaron. 

Por su parte, Armando Perla y Ana María Bermeo Ujueta, promotores del Museo de los Movimientos en la ciudad de Malmo, Suecia, explicaron que su proyecto tuvo como tema principal la democracia y migración, por lo que se crearon sesiones de diálogo con los ciudadanos para saber sus preferencias y necesidades, y, de esta forma, darles verdadera participación en el museo.

Más adelante, Juli Zapata Rincón, maestra en Artes Plásticas por la Universidad Nacional de Colombia, compartió su iniciativa Museo 360 cuyo planteamiento fue involucrar a la población que rodea al Museo de Antioquia, zona caracterizada por la explotación sexual y con quienes han iniciado proyectos para que las trabajadoras sexuales puedan contar sus propias historias. 

Por su parte, Miriam Barrón, Licenciada en Artes Visuales por la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, compartió el proyecto Tejiendo Santo Domingo, una colonia cercana a Ciudad Universitaria a la que ahora se le culpa del incremento de la violencia en los alrededores, y población que la institución decidió integrar a través de talleres de arte en los que se trabaja con territorio, memoria y cuerpo para invitar a los niños y habitantes a visitar el museo y apropiarse del arte. >

Los panelistas concluyeron que más que espacios de cultura, los museos son aliados de aquellos quienes desean contar sus experiencias y sus violencias y que no siempre el trabajo termina en el montaje de una exposición o un producto, sino   que a veces trasciende en experiencias y en la transformación de vidas.

“Al crear estos proyectos, lo que creamos es una conversación, una conversación que otros pueden retomar y continuar el diálogo. Debemos tener la humildad de entender que no sabemos todo, y que hay que aprender juntos. Entender que no somos los salvadores (las instituciones culturales), no somos eso, no somos quienes llegan a enseñarle a las comunidades, sino  que son las comunidades las que nos van a enseñar a nosotros”, finalizaron.

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