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“Vivamos conscientes de que estamos en buenas manos”: Mons. Montenegro
23 junio Por: Hugo Quintero
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UPAEP inauguró el ciclo de conferencias “Reflexiones Teológicas para la Esperanza”

“Job es de ayer y de hoy, es el prometeo israelita que se enfrentó a la infinitud oceánica de Dios, que conocía solo de oídas, y que ganó el camino con su autenticidad para que todo creyente ame con fe y esperanza a su Dios”, señaló Mons. Rogelio Montenegro Quiroz durante su conferencia “Job: Fe y fidelidad en medio de la oscuridad”.

La ponencia forma parte del encuentro “Reflexiones Teológicas para la Esperanza”, que persiguen el fin de fortalecer nuestra esperanza ante la pandemia y que es organizado por UPAEP, la Arquidiócesis de Puebla, la CIRM, el CODAL, la Universidad Anáhuac de Puebla y el Instituto México.

Ante la situación actual que vive el mundo por la pandemia, Monseñor exhortó a los fieles a que le expongan a Dios sus problemáticas con la confianza que tiene un hijo o un amigo; sabiendo que Él está sentado en el horizonte de nuestra existencia y que al final de cuentas Él es amor y misericordia.

De acuerdo al catedrático en Biblia y sagradas lenguas en el Seminario Palafoxiano, de Puebla, la mayor aportación de Job, con toda su inocencia, bondad y fidelidad es que nadie tiene derechos ante Dios; ni tampoco poderes para condicionarlo.

“La infinitud de su grandeza es inalcanzable; Él es el hacedor supremo y la sabiduría esencial de todo lo creado, es el Señor de la historia, en sus manos están nuestras vidas y su providencia es un regalo diario”.

Recordó que los criterios de Dios no son los mismos que el de las personas y que su libertad no tiene fronteras, “nadie es dueño de Dios, es la lección que Job aprendió y por eso exclama con las manos en el rostro ‘hablé una vez, ya no insistiré”’.

También señaló que los hombres nunca han aprendido a entender el dolor y a pesar de las grandes lecciones de la revelación, muchos siguen creyendo que el dolor es un castigo por las malas acciones, pues conocen a Dios solo de oídas.

A este respecto expresó que las enfermedades y las desgracias no manifiestan la perversidad de los actos; y la indiferencia de muchos ante lo sacro es porque carecen de una experiencia personal de un Dios vivo, ya que piensan que la fe es algo estático y no buscan con el ahínco de Job las fronteras de lo eterno.

“La vida es un gran regalo y cada día Dios refrenda su pacto de amor con cada uno al hacernos copartícipes de la felicidad”.

Sobre el miedo, Mons. Montenegro explicó que para los humanos la muerte supone un cambio radical que nos aterra, cuando a los ojos de Dios debe ser el gozo del encuentro definitivo.

Y ante la situación sanitaria por el COVID-19 exhortó: “Crezcamos en la fe, abramos nuestros brazos agradecidos y vivamos conscientes de que estamos en buenas manos”.

“El dolor tiene un sentido de redención, de rescate; cuando yo sufro cuelgo mi dolor a la cruz de Cristo por todos los que yo amo y por toda la humanidad; el dolor es parte indispensable de la vida”, finalizó.

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